noviembre 24, 2007

Cuarto Creciente

(Viene de Recuerdos Oníricos...)


Image Hosted by ImageShack.us
“Quiero… deseo… ansío un crecimiento efectivo de ese cuarto, no de lujos, no de glorias, solo pulir los abrumados trastes y recónditos parajes guardados, que valgan más de lo que tú haces valer. Mucho más. Mucho más.”

Un hombre cualquiera. Quizás mal remunerado, quizás un mero peón más de los tantos trabajadores encasillados en paralelepípedos contenidos, en alguna clase de panóptico o cuartel del General Suárez. Habiendo engordado con los años, con mucha más contextura de aquélla de sus años mozos, podría pasar por mariscal de fútbol americano o del rugby australiano, aunque lo cierto es que las penas eran más que la mejor de las glorias. O al menos eso creía.

Cada jueves, a la misma hora, venía ella a pasar lista de lo que faltaba en dicho santuario. Èl, creía que ese espacio, por más encapuchado o reducido que fuese al intruso, no podría dejar de ser infranqueable para ella. Su torpe humanidad siempre colocaba el punto donde las íes no tenían que pintar. Además de esa sensación onírica, circunspecta en su cabeza, emanaba algún tipo de quiste que mal hacía la maculidad de la labor diaria se embarrara de putrefacciones de las más entremezcladas que el género podía dar. Todo por el gorilesco enemigo del quehacer diario. El tener que soportar día a día el griterío de su jefe, la invasión de sus colegas, podían lograr que se sienta como despojo humano, o hacerlo puré, o tenerlo a su merced. Angustia.

Hubo un momento en que vio sus manos grandes, apenas maltratadas por tanto tipear en máquinas de quinta, de tamaño gorilesco que le decían que no era ése su lugar. Parecía un gigante en medio de tantos enclenques, un gigante que no era estúpido. Sin embargo todo se mantenía igual, sin cambios y/o fundamentos hasta que una oportunidad de escapar toco a su escritorio. Ése no era su cuarto. Ésa nio era su casa. Se le ofreció una oportunidad de crecer de manera distinta; un peón seguiría siendo un peón si se mantenía o se forzaba por tener su mente de peón. Y lo planeó todo sigilosamente, hasta que al fin se largó de la oficina. Botó sus papeles y se despidió del jefe, a pesar de tener un vacío muy pequeño, el temor de enfrentar algo nuevo. Sentimientos.

Pero se mantenía firme porque iba a algo seguro. Se mantendría constante en buscar que su cuarto de su mente y de su alma siempre sea creciente. Y siendo un cuarto creciente, no va a dejar que la luna mengue y se difumine en retazos.

4 comentarios:

Rodrigo dijo...

Yahooo! Soy el primero en comentar! Al fin! Sorondil, el motivo de mi comentario es el de felicitarte por tu cumpleaños, ¡Suerte en todos tus proyectos y que cumplas muchos años mas! ¡¡¡FELICIDADES!!!

Sorondil dijo...

Gracias amigo por los saludos. Espero que te haya gustado la historia también.

Sí, muchos más, Dios mediante y en buena compañía y de a pokitos avanzando con bien.

Kat dijo...

:)

Dinorider d'Andoandor dijo...

espero el creciente se haga más lleno que menguante o nueva

otro ciclo es buena excusa